
Más allá de las mañanitas, más allá de las flores y más allá del acto oficial, los datos duros son duros y contundentes: en México, la vida cotidiana de millones de madres sigue marcada por el aumento en el costo de vivir, por la carga desigual del trabajo no remunerado, por la violencia y por la inseguridad para moverse, trabajar y cuidar. La conmemoración existe, pero la deuda también.
La inflación general anual fue de casi 5% en la primera quincena de abril de 2026. La canasta alimentaria sigue presionando el gasto familiar. Las frutas y verduras aumentaron también en 5% en febrero, mientras el precio de alimentos básicos mantiene una presión constante sobre los hogares; comer no es un acto simbólico, es una negociación diaria con el monedero de las jefas de familia.
Más allá del discurso del bienestar, los datos duros son estos: las mujeres en México 40 horas semanales al trabajo no remunerado, 21 horas más que los hombres. El 65% de su tiempo total de trabajo se concentra en labores sin salario, principalmente cuidado, limpieza, alimentación y atención familiar. Esto significa que la maternidad y el sostenimiento del hogar siguen descansando sobre una estructura profundamente desigual donde millones de mujeres trabajan más, cobran menos y descansan menos.
Más allá del homenaje, algunos datos son estos: 70 % de las mujeres de 15 años o más ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, no se trata de casos aislados. Es una condición estructural. Para millones de madres, cuidar no solo significa alimentar o educar, también significa sobrevivir, protegerse y proteger a sus hijas e hijos en un país donde la violencia sigue siendo parte de la rutina.
Más allá de la foto familiar, los datos duros son estos: en 2024 se registraron 1,672,227 nacimientos en México y una proporción significativa de madres enfrenta la crianza en condiciones de mayor fragilidad económica o sin una red suficiente de respaldo. La maternidad real no siempre se parece al ideal publicitario del 10 de mayo. Muchas veces se parece más a jornadas dobles, precariedad y responsabilidad acumulada.
Más allá del “feliz día”, los datos duros son estos: moverse también cuesta. En el Estado de México, el transporte público incrementó su tarifa mínima de 12 a 14 pesos en octubre de 2025, un aumento de 17%. Para una madre trabajadora que traslada hijos a la escuela, se mueve a su empleo y regresa a casa, el transporte representa gasto creciente, desgaste físico y exposición constante al acoso o la inseguridad. No es movilidad. Muchas veces es resistencia cotidiana.
Más allá del festival escolar, los datos duros son estos: llevar hijos a clases implica tiempo, logística, dinero y energía. Uniformes, útiles, transporte, horarios fragmentados y traslados largos forman parte de una economía invisible que rara vez aparece en el discurso oficial, pero que define buena parte de la vida diaria de millones de mujeres.
Más allá de los aplausos, los datos duros son estos: México sigue descansando en el trabajo de las madres mientras les ofrece condiciones insuficientes para sostener esa responsabilidad. El país les exige resolver alimentación, cuidado, escuela, salud, seguridad emocional y estabilidad económica, incluso cuando el entorno se vuelve más caro y más hostil.
Porque mientras el discurso político insiste en hablar de bienestar, millones de madres siguen enfrentando una realidad donde la inflación golpea la mesa, la violencia condiciona la calle y la desigualdad organiza el hogar.
Celebrar a mamá está bien, pero en un país donde vivir, cuidar y proteger cuesta cada vez más, felicitar sin transformar empieza a parecer una forma de evasión.