
“Por el bien de todos, primero los pobres” es quizá la frase que mejor resume la política social de los últimos años. Pero hay un lugar donde esa promesa tendría que comprobarse todos los días: la mesa.
En el Estado de México todavía hay cientos de miles de hogares, sí cientos de miles de familias donde, por falta de dinero o recursos, la comida no alcanza. La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI registra familias que redujeron porciones, dejaron alguna comida o incluso pasaron hambre.
No hablamos de dejar de comprar ropa, cambiar el celular o cancelar vacaciones.
Hablamos de comer.
Y hacerlo es cada vez más caro.
En septiembre, la canasta alimentaria alcanzó los 2 mil 590 pesos mensuales por persona en las zonas urbanas.
Para una familia de cuatro integrantes significa alrededor de 10 mil 362 pesos al mes solamente en alimentos.
Además, su costo aumentó 5.5 por ciento en un año, mientras la inflación general fue de 3.5 por ciento.
La inflación puede bajar en las estadísticas y seguir subiendo en el plato.
Los programas sociales son indispenbales, los gobiernos del PRD en el EDOMEX los iniciaron, millones de familias dependen de ellos para completar sus ingresos y enfrentar gastos cotidianos. El problema no es que existan apoyos; el problema sería pensar que entregarlos significa que la tarea está terminada.
Porque una política social no debería medirse solamente por cuánto dinero reparte o cuántos beneficiarios registra.
Debiese medirse por lo que cambia en la vida de las personas, y nada más básico que comer.
Si “primero los pobres” es una prioridad de gobierno, entonces primero los pobres también tendría que significar primero la panza.
Para conseguirlo no bastan las transferencias. Se necesitan mejores ingresos, empleos dignos, crecimiento económico y condiciones para que llenar la despensa no consuma buena parte del salario de una familia.
El Estado de México no necesita menos política social. Necesita que la política social alcance para más.
Porque la pobreza puede medirse con porcentajes, líneas e indicadores.
Pero también existe una medida mucho más sencilla:
lo que hay, o no hay en la estufa de las familias.
Y mientras haya hogares mexiquenses donde el dinero no alcance para comer suficientemente, seguirá existiendo una distancia entre decir “primero los pobres” y conseguir que esa prioridad llegue en realidad los platos.