Segundo *round* “No luchamos por cambiar de lugar con los de arriba, sino para que cambien las cosas abajo”

Esta semana presentaré mi segundo informe de labores legislativas. Podría aprovechar este espacio para hablar de las más de 40 iniciativas que hemos presentado desde el Grupo Parlamentario del PRD, de las causas que hemos llevado al Congreso o de las comunidades que hemos recorrido.

Todo eso importa y debe ser informado. Pero rendir cuentas no consiste únicamente en decir lo que hicimos. También implica reconocer lo que no hemos logrado y preguntarnos, con honestidad, qué falta por hacer.

Y falta mucho.

Durante décadas, desde la izquierda, luchamos contra un sistema político que se había alejado de la gente. Defendimos libertades, derechos sociales y programas públicos. Salimos a las calles porque creíamos que la política tenía que servir para cambiar la vida de quienes menos tienen.

Muchos de quienes participaron en aquellas luchas hoy están en el poder. Algunos comenzaron su historia política en el PRD y después encontraron otros caminos y otras siglas.

Eso no tendría por qué ser un problema. El problema comienza cuando cambiar de partido también significa cambiar de causas: cuando aquello que antes indignaba empieza a justificarse; cuando lo que antes se denunciaba deja de reconocerse como un problema; cuando llegar al poder se convierte en razón suficiente para abandonar la lucha.

No luchamos simplemente para cambiar a las personas que ocupaban las oficinas.

No luchamos por cambiar de lugar con los de arriba, sino para que cambien las cosas abajo.

Y basta recorrer cualquier comunidad del Estado de México para entender que esa tarea está lejos de terminar.

Una familia puede recibir un apoyo económico —y qué bueno que así sea; por ello hemos luchado desde hace casi tres décadas— y, aun así, abrir la llave sin encontrar agua. Una mujer puede tener más derechos reconocidos por la ley y seguir sintiendo miedo al regresar a casa. Una persona puede llegar a un hospital y no encontrar medicamentos. Un joven puede recibir una beca y, aun así, no encontrar oportunidades para construir su futuro.

Por eso seguimos siendo oposición.

No porque queramos que al gobierno le vaya mal. Cuando un gobierno fracasa, la gente paga las consecuencias.

Ser oposición significa respaldar lo que funciona, proponer lo que hace falta y señalar lo que está mal, gobierne quien gobierne. Significa no perder la capacidad de indignarnos ante aquello que durante años dijimos que queríamos cambiar.

Ese es también el sentido de rendir cuentas.

Después de dos años, podemos hablar de iniciativas, recorridos y resultados. Pero sería absurdo presentar este informe como si los problemas estuvieran resueltos.

Mientras una familia reciba un apoyo, pero no tenga agua, hay razones para seguir luchando.

Mientras una mujer tenga derechos escritos en la ley, pero siga viviendo con miedo, hay razones.

Mientras alguien llegue a un hospital y no encuentre la atención que necesita, hay razones.

Mientras un joven estudie, se prepare y no encuentre oportunidades, hay razones.

Y mientras una comunidad levante la voz y el poder no la escuche, hay razones.

Por eso este segundo informe no es una meta ni una celebración. Es apenas la campana que anuncia el siguiente round”.

Algunos llegaron al poder y abandonaron la lucha. Nosotros seguimos en ella.

Mientras existan razones para ser oposición, la lucha continúa.